Optimice los flujos de trabajo del almacén con una distribución adecuada
Las complejas cadenas de suministro actuales se componen de redes interdependientes e interconectadas que exigen que todos los eslabones trabajen juntos. Para ello, se necesita una visión exhaustiva del entorno del almacén, empezando por la distribución de la instalación. La forma en que los productos se desplazan por el centro, desde que son recibidos hasta que son almacenados y posteriormente enviados, es clave para lograr los objetivos de eficiencia, productividad y seguridad.
Hay dos factores importantes que podríamos considerar fijos en la distribución de un almacén. El primero es la finalidad del centro, lo que permite determinar qué acción o inacción es la más adecuada para el trabajo que se lleva a cabo en el interior del edificio. Por ejemplo, un centro de distribución que almacena temporalmente mercancías destinadas a los clientes tendrá necesidades de flujo de trabajo diferentes de las de una instalación de cross-docking, dedicada a transferir mercancías sin almacenarlas.
El segundo es la distribución física del edificio, la cual determinará algunos factores del flujo de trabajo del almacén. Especialmente importantes son los puntos de entrada y salida de los productos. Los almacenes suelen distribuirse de tres formas. La más habitual es aquella que tiene las puertas de carga y descarga en el mismo lado del edificio, lo que da lugar a un flujo en forma de U. Las zonas de envío y recepción se sitúan en lados paralelos y las estanterías son perpendiculares a estas, mientras que la zona de almacenamiento se localiza en la curva de la «U». Otra configuración es la que tiene forma de «I»: los productos se reciben en un extremo y se envían por el otro. En el modelo en «I», las estanterías se sitúan de forma paralela a las puertas. En un edificio en forma de «L», las puertas de envío y recepción se sitúan en lados adyacentes del edificio, mientras que el almacén principal se encuentra en la base de la «L».
Factores que favorecen el flujo de trabajo del almacén
Aprovechar al máximo el espacio de almacenamiento y gestionar el flujo de mercancías y personas dentro del centro son aspectos fundamentales para lograr un flujo de trabajo eficiente en el almacén. Los factores para tener en cuenta son:
El índice de almacenamiento es la relación entre la productividad y el aprovechamiento del espacio. En dicho índice influyen variables como el tipo de estanterías, el espacio disponible y la forma de los productos almacenados. El objetivo es maximizar el índice de almacenamiento sin comprometer la seguridad de las personas, los productos, las estanterías o los equipos.
A la hora de distribuir las estanterías se debe tener en cuenta la superficie útil de la instalación, el espacio vertical, la ubicación de las puertas de carga y descarga, la productividad, el tipo de almacenamiento necesario (por ejemplo, de alta densidad), el cumplimiento de la normativa y las carretillas elevadoras disponibles.
Las carretillas elevadoras deben elegirse con cuidado: no existe una solución válida para todas las situaciones. A la hora de seleccionar las carretillas elevadoras procuraremos que se adapten a las condiciones de almacenamiento de los productos y a las necesidades de maniobrabilidad (como pasillos muy estrechos), y valoraremos si las carretillas elevadoras automatizadas son adecuadas para el centro.
Al situar las estaciones de carga se deberá tener en cuenta el tipo de batería y los métodos de carga. Por ejemplo, si se recurre a la carga de oportunidad, las estaciones deben ubicarse de manera que garanticen un acceso fácil y eficiente durante todo el turno, por lo que deberán estar próximas a las salas de descanso y a las zonas de carga y descarga. Estas estaciones deben satisfacer tanto las necesidades de carga como las de estacionamiento, además de permitir un acceso adecuado a los cables de carga dentro de la distribución del almacén.
En los espacios destinados a los empleados y a los peatones se debe garantizar un desplazamiento cómodo y seguro. Un buen flujo de trabajo en el almacén empieza por la seguridad: los pasillos peatonales deben estar claramente delimitados y bien señalizados.
El flujo de trabajo del almacén debe prever margen de espacio para la expansión con el fin de poder adaptarse a las fluctuaciones de la demanda y cumplir con las estrategias empresariales. Una regla no escrita es dar por lleno un almacén cuando alcanza el 80 % de su capacidad. Conforme a esta regla, los diseñadores y responsables pueden saber que pronto se necesitarán más edificios, ampliaciones de los existentes o cambios en los métodos de almacenamiento.
Un proveedor integral como Crown puede ofrecerle soluciones integradas y cohesionadas que funcionen de forma conjunta para un flujo eficiente de productos. Para ello es necesario tener una visión más holística de su complejo entorno de almacén, especialmente de la distribución del centro.
Para más información, acceda a crown.com.